Malditos protocolos sociales

Saludarlo ya era terriblemente incómodo, pero ignorarlo después de
haber abrazado a media Redacción por el maldito Año Nuevo, habría sido
peor.
Así que lo saludé, lo abracé y le expresé mis mejores deseos para el
2009. Obvio que puso cara de estúpido desprevenido y sonrió y dijo que
igualmente.
El problema fue que después se lo tomó en serio. Así es J. Le das la
mano y se toma el codo y luego el hombro y luego todo tu cuerpo.
Muy barsamente, se acercó a despedirse de beso. ¿Qué se cree? Me
dieron unas ganas terribles de decirle: "Hey, tú, no te creas que te
perdoné todas las burradas que me has hecho. No somos ni seremos
amigos. Entiéndelo".
Pero claro, él jamás entiende nada.