Despertar
Desperté por el frío. Boca abajo, con los labios perdidos en el pasto húmedo de un jardín desconocido, y descalza. Estaba entumida y completamente desorientada.
Temblando me puse de pie. Era una noche estrellada y sin luna. Demasiado oscura para ser el escenario de un grato paseo nocturno. Demasiado desconcertante como para no estar asustada. No reconocí nada a mi alrededor. Habían unas pocas casas, unos cuántos árboles y algunos tenues faroles que a duras penas lograban mostrarme el camino. Y me dolían los pies amoratados por el frío. Caminé lentamente. Cada paso era una dolorosa tortura. Y entonces lo vi. Debajo del pórtico de la casa más lejana, él me aguardaba. Pude distinguir el humo de su cigarro perdiéndose en la oscuridad. Siempre me gustó mucho esa imagen.