Cambiaformas

- Cúbrete- le dije. Fue incoherente, lo sé.  A duras penas logré
controlar el temblor de mis dientes. Los nervios me comían viva.

  

 Él miró su cuerpo desnudo y luego la nada a nuestro alrededor. Una
expresión sombría se apoderó de su pálido rostro.  Se veía tan triste
y confundido. Tan triste y confundido como yo.

  

 - No tengo cómo cubrirme - respondió con un hilo de voz.  Se tapó la
cara con ambas manos - No me mires, por favor... -

  

 Desvié la vista, buscando un destello de vida en medio de esa horrible
vacuidad. Busqué, sabiendo que había algo importante en aquella noche
y entonces lo vi. Bajo un poste de luz, sutilmente acariciado por los
fotones, estaba el fumador.

  

 Una oleada de calor me envolvió. Me sentí despierta, viva. Por alguna
inexplicable razón necesitaba alcanzarlo, hablarle.  Algo me decía que
en él estaban las respuestas que necesitaba, que en él reposaban mis
recuerdos perdidos. Tenía que alcanzarlo…

  

 - No, no te vayas  - dijo, interponiéndose en mi camino. Pude ver, de
reojo, que el cuerpo del fumador se tensaba.

  

 - ¿Por qué?-  pregunté con los ojos clavados en el fumador.  Pero no
recibí respuesta. A mi lado, un gato dorado se lamía la panza.