Saludarlo ya era terriblemente incómodo, pero ignorarlo después de
haber abrazado a media Redacción por el maldito Año Nuevo, habría sido
peor.
Así que lo saludé, lo abracé y le expresé mis mejores deseos para el
2009. Obvio que puso cara de estúpido desprevenido y sonrió y dijo que
igualmente.
El problema fue que después se lo tomó en serio. Así es J. Le das la
mano y se toma el codo y luego el hombro y luego todo tu cuerpo.
Muy barsamente, se acercó a despedirse de beso. ¿Qué se cree? Me
dieron unas ganas terribles de decirle: "Hey, tú, no te creas que te
perdoné todas las burradas que me has hecho. No somos ni seremos
amigos. Entiéndelo".
Pero claro, él jamás entiende nada.
En tres segundos más daré un falso aviso de bomba en mi lugar de trabajo.
El pánico cundirá y un jefe dirá en voz alta que todos abandonemos el
edificio de forma tranquila.
Entonces yo caminaré hacia el balcón y me lanzaré. Mi cuerpo caerá
sobre sus cabezas asustadas y ahí se darán cuenta de que la bomba era
yo.
Patricia Macarena
no entiendo muy bien cómo se usa esto